Cuando la noche inicia su descanso sobre el perfil del ocaso
despiertan duendes y hadas para llenar de magia el momento en el que ellos
cazan. Ese momento es la unión de la paz del descanso con la sangre de la presa
abatida, una mezcla atractiva, atrayente, la adicción de la adrenalina junto el
cortisol que libera el sueño. Duerme.
Como una droga prohibida siento como mi lengua se llena de
tu vida templada, siento que pierde su calor a cada instante que pasa, el sueño
eterno va cubriendo tus ojos, cerrando tus párpados, haciendo de ti un ser
inerte en mis manos.
Noto como tu corazón de hielo se va enfriando, perdiendo el ritmo
que hasta ahora me hacía vibrar a su compás; devorarte es la única forma de
integrarte en mi ser, por lo que tras larga espera decidí empezar a unirnos en
la forma que determine el porvenir.
A elección tuya o por decisión mía serás parte de mí, con tu
consentimiento o por mi ejecución formarás parte de mi caminar, solo puedo
decirte una cosa “no te resistas, solamente lo harás
más difícil pero no por ello lograrás evitarlo”.
Quiero aprender de seres humanos y encuentro animales
inteligentes, los admiro, cuando sea necesario usaré la fuerza y la bestialidad
de un lobo antes que la pusilanimidad de un ser humano. Quien ha sido asignado a
una manada acaba padeciendo su misma ansiedad y asimilando su
instinto.
