Paso tras paso avanzas en el lento caminar que supone ir dejando caer los
días de espera. Decides no abandonarte, esforzarte en que el hastío de la
rutina no te venza, exprimir cada minuto que los compone, sacando el jugo
oculto que nos permite seguir mirando al frente y tomar la decisión de que el
de mañana, sea otro en el que deberemos reunir las fuerzas suficientes para
enfrentarnos a él.
Buscas el calor humano que sabes
cerca para apoyarte y que te empuje hacia adelante, obtienes la energía de
quien seguro te la prestará, la sonrisa de esa cara que hace que el camino sea
más llevadero, el bastón en el que sostenerte en los momentos más duros, en los
cuales la soledad del replicante hace que los segundos del reloj se transformen
cada uno de ellos en horas.
Que largo es el tiempo
transcurrido en el anglicismo standby, una postura, una posición, una "espera";
esa en la que en alguna ocasión nos vemos obligados a estar y de la que sólo el
tiempo que transcurre nos puede sacar, sin acción por nuestra parte, sin
reacción a nuestras inexistentes acciones, ajena a nosotros mismos, resoluble
por sí misma.
Permitiendo durante ese tiempo que los
sentimientos achacables a la humanidad que me rodea penetren en mí, dejando que
se empapen cada una de mis células programables del libre albedrío que me
rodea. Permitiendo que el órgano que bombea la sangre por las venas que
recorren mi cuerpo llene de vida también esa parte del cuerpo etérea,
inexplicable a todos, sin peso específico, sin entidad propia, pero gobernante
del conducir de cada uno, que habitualmente llaman alma.
Momentos en los que agradeces que dos palabras lo puedan ser todo,
dos simples palabras, tan llenas de significado, tan
fáciles de sentir cuando el número que elegirías es el 10.
